salón de baile de clarita

El salón de baile de Clarita

Un lugar mítico.

Hoy os quiero presentar un lugar mítico de Berlín: Clärchens Ballhaus o el salón de baile de Clarita en el barrio judío de Berlin. El salón fue inaugurado el 13 de septiembre de 1913 por Fritz Bühler en la Augustraße 24/25 y es el último de 900 salones de baile que tuvo la ciudad que sigue funcionando hasta el día de hoy. Después de la muerte de Fritz en la primera guerra mundial, su esposa Clara empieza a manejar el negocio y lo hará en tiempos movidos: durante la primera guerra mundial, en los años de la república de Weimar, durante la dictadura nazi y en la capital de la Alemania Socialista, la RDA.

salón de baile de clarita

 

Las claves del éxito.

¿Cómo puede ser que después de más de cien años un local nocturno siga funcionando en una ciudad en constante cambio? En Berlín los locales abren y cierran sin cesar y sus habitantes siempre están en búsqueda de algo nuevo: el nuevo artista, el nuevo restaurante, la nueva localidad bien valorada en los redes sociales o en páginas como tripadvisor. Lugares en los que de golpe llega muchísima gente y poco después vuelven a estar pasados de moda.

Posiblemente una buena parte del éxito del salón de baile de Clarita se deba a su estilo retro que a tanta gente ha atraído, no sólo en Berlín, sino también a locales en toda de Europa. Sobre las mesas vestidas de manteles blancos hay claveles rosados en floreros de cristal. Las paredes están recubiertas de madera y el crujido de sus sillas nos recuerdan las incontables noches de baile de antaño. Una atmósfera que Quentin Tarantino escogió para su película los “Bastardos sin gloria”. La gente ama el toque nostálgico del lugar que se percibe ya desde la entrada y donde el fin de semana es recibida por un anfitrión en smoking negro. “Al final somos un salón de baile y no una discoteca” – dijo el anfitrión leyenda Klaus Schliebs en una entrevista. Pero a lo mejor la etiqueta retro no es explicación suficiente para entender por qué el salón de baile de Clarita sigue triunfando. El lugar también transpira história.

La República de Weimar y el baile sobre el volcán.

En los años de la República de Weimar el salón era escenario del famoso Tanz auf dem Vulkan (baile sobre el volcán) entre 1923 y 1929. Los así llamados dorados años 20, que no fueron tan dorados como su nombre indica, fueron años en los que hubo por primera vez, desde el final de la primera guerra mundial, un cierto optimismo en la sociedad y una sensación de que las cosas podían mejorar: la economía empezaba a estabilizarse, las tensiones internacionales disminuían y se disfrutaban nuevas libertades. Ese fue el caldo de cultivo para que en esos años hubiese un florecimiento a nivel cultural y artístico y cierto frenesí hedonista. Nuevos ritmos, el burlesque, el vodevil y los cabarets estaban en boga. En el salón de baile de Clarita por aquél entonces se bailaba el Charleston y el Swing.

La dictadura nazi y el “arte degenerado”.

Con el ascenso del partido nazi y su victoria electoral en noviembre de 1932 el volcán erupta y las nuevas libertades conquistadas desaparecieron una detrás de otra a marchas forzadas. Estilos como el Jazz o el Swing fueron declarados “música degenerada”. Este pensamiento castrador se aplicó a muchas otras expresiones artísticas como en la Noche de la Quema de Libros en mayo de 1933 o en la Quema de Cuadros de artistas cómo Wassily Kandynski, Paul Klee, Käthe Kollwitz o Paul Gauguin en marzo de 1939. Entre 1942 y 1945, Josef Göbbels, el ministro de propaganda, ordenó la prohibición de esos bailes. Fueron los únicos años en los que el salón de Clarita tuvo que cerrar sus puertas.

El Berlín socialista y la censura de la Stasi.

En el Berlín socialista de postguerra ir a bailar era un acto político en el escenario de la guerra fría. El ministerio de seguridad del estado (Stasi) controlaba si en las fiestas se cumplía con las directivas musicales del Partido Unitario Socialista. En los años 60 y 70 los DJs que pinchaban para Clarita, así como en otros locales, tenían que garantizar que el 70% de las canciones fueran de la RDA y de sus países socialistas hermanos. Solo un 30% podía ser música del enemigo ideológico occidental, una limitación que daba a esas fiestas un ambiente algo claustrofóbico. Una de las bandas más populares de la RDA fueron los Phuddys, rockeros que sonaron un sinfín de veces.

El salón hoy en día.

salón de baile de clarita

Desde la caída del muro el espectro músical vuelve a ser más amplio: los lunes hay cursos de salsa y bachata, los martes tango argentino, miercoles swing, jueves chachachá y vals, mientras que los viernes y sábados el lugar se llena para el Schwoof, una palabra muy berlinesa que se usa para referirse al baile. En estos días la sala suele llenarse mucho, y a la pista se lanza una mezcla muy particular de gente de todas las edades al ritmo de música pop y rock de las últimas decadas. El programa completo del salón y del restaurante lo encontraréis aquí.
El 90% de la gente que vive hoy en el barrio judío viven ahí desde hace menos de veinte años. Es bonito ver cómo en un barrio que ha cambando radicalmente todavía resiste un espacio en el que los relojes parecen haberse parado y que es como un puente entre la vieja Berlín y la Berlín contemporánea.

El salón de baile de Clarita es digno de verse y de bailarse.

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